Bahía de Banderas, Nay.- Para muchas personas, las dunas costeras forman parte del paisaje que acompaña un día de playa; sin embargo, detrás de esos montículos de arena existe un ecosistema que protege a las costas, alberga una gran diversidad de plantas y enfrenta constantes amenazas derivadas del desarrollo urbano y turístico.
Norma Nahola López Salazar, egresada de la licenciatura en Biología del CUCosta, llegó a este ecosistema casi por casualidad. Durante el séptimo semestre, mientras cursaba la materia Ecología de ecosistemas costeros, conoció de cerca la vegetación de dunas en una práctica de campo. Ese primer acercamiento al ecosistema acabó convirtiéndose en el tema de la tesis con la que obtuvo su título profesional.
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“En ese momento yo no sabía que quería trabajar con dunas, mucho menos con plantas; lo que sí sabía era que quería trabajar con la doctora Sandra Quijas. Después, cuando comenzamos los muestreos, encontramos muchas más especies de las que esperábamos y ahí surgió la oportunidad de seguir investigando la diversidad florística”, explica.
Aunque obtuvo su título recientemente, el proyecto tomó forma durante sus prácticas profesionales en el Laboratorio de biodiversidad y servicios ecosistémicos (Labse) del CUCosta. Tras la aprobación de su anteproyecto, la investigación se desarrolló entre finales de 2024 y junio de 2026, periodo en el que realizó análisis, revisiones y trabajo de campo hasta concluir la tesis.
Para Norma, estudiar este ecosistema también significó mirar con otros ojos un paisaje que suele pasar desapercibido, especialmente en una región donde el turismo transforma constantemente el territorio.
“La bahía se rige por el turismo, los desarrollos inmobiliarios y, en general, cualquier actividad relacionada con la playa. Por eso, las dunas son uno de los ecosistemas más vulnerables ante estas presiones antropogénicas, pero además son de las más importantes para nuestra protección ante eventos naturales, como huracanes”, señala.
Más allá de ser acumulaciones de arena, las dunas cumplen funciones esenciales para el equilibrio ambiental; ayudan a reducir la erosión costera, almacenan arena y carbono, filtran el agua, sirven de refugio para distintas especies y actúan como una barrera natural frente al viento, el oleaje y otros fenómenos meteorológicos.
“La vegetación de dunas, así como el manglar, tiene muchos beneficios para la costa como servicios de soporte, debido a que contribuyen al reciclaje de nutrientes y a la protección del hábitat de las especies de flora y fauna que ahí se desarrollan; además, suministran tanto servicios de provisión como recursos forestales, así como servicios de regulación al operar como barrera en contra de la aspersión salina; por otro lado, son espacios que proveen servicios culturales como la recreación y la belleza escénica”, dice.
Llegar a esos resultados implicó un proceso que fue mucho más allá del análisis en laboratorio. El trabajo de campo se realizó durante los meses más calurosos del año y estuvo acompañado por largas jornadas de muestreo y la identificación de numerosas especies vegetales.
“Sin duda, el trabajo de campo fue lo más difícil. Los muestreos se realizaron a mediados de septiembre e inicios de octubre, por lo que hacía bastante calor y la sensación térmica en la playa era peor. Después vino mucho trabajo de escritorio para determinar las especies. Afortunadamente, recibí mucha ayuda de colegas con mayor conocimiento de especies vegetales; quisiera destacar la ayuda del doctor Pablo Carrillo, profesor del CUCBA”, recuerda.
A pesar de las presiones humanas que enfrentan estos sitios, la investigación encontró un panorama alentador: la mayoría de las especies registradas son nativas de la región y también identificaron diversas especies endémicas, lo que demuestra que estos espacios aún conservan buena parte de sus características naturales.
“Saber que la información que obtuve puede ser de ayuda para la protección, el conocimiento y la conservación de las especies y del ecosistema presente en la bahía, es muy gratificante. Las plantas son un grupo taxonómico hermoso; siempre están ahí, en todos lados, sólo hay que observar un poco mejor. Me da mucho orgullo ser parte de la visibilidad de una comunidad de plantas tan importante y, al mismo tiempo, tan vulnerable”, comparte.
Ahora, al mirar hacia atrás, reconoce el valor que tiene desarrollar una investigación desde la licenciatura y anima a otros estudiantes a no tener miedo de iniciar ese camino. “Hacer una tesis puede ser un proceso difícil, pero también muy emocionante. Estás creando algo propio, aplicando todo lo que aprendiste durante la carrera y generando conocimiento nuevo. Es una experiencia incomparable en la vida universitaria”, concluye.
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