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Muere Charles Aznavour a los 94 años

La bohème, Venecia sin ti, La mamma, y Emmenez-moifiguran entre sus canciones más destacadas de un repertorio de marcado tono nostálgico. Compuso además para artistas como Edith Piaf, y como actor, participó en unos 80 filmes.

Una energía y un amor por lo que hacía que le permitieron conquistar a varias generaciones durante una carrera que se extendió décadas y por todos los continentes. Charles Aznavour cantó en media docena de idiomas. Era reverenciado en lugares insospechados como Cuba, donde grabó un disco hace una década junto a Chucho Valdés. En Armenia, país del que era originaria su familia —su nombre real era Shahnour Vaghinag Aznavourian— y del que fue nombrado embajador permanente ante la ONU, tiene dedicadas estatuas y hasta un museo.

Su trayectoria artística se compone de 1.200 canciones. Seguía componiendo  y tenía previsto actuar el día 26 en Bruselas. En 1998, la cadena CNN lo declaró el “artista del entretenimiento del siglo”. Otros lo llamaban el Frank Sinatra de Francia. En su país, porque Francia siempre fue su país, era, sencillamente, el “patrón” de la música francesa.

“Me gusta escribir lo que los demás no escriben”, explicaba a EL PAÍS cuando ya había cumplido los 90 años. Y no tenía tabúes. Escribió —y cantó— sobre la homosexualidad cuando casi nadie se atrevía. “Como en la literatura, la pintura, la fotografía o los artistas que se lo permiten todo, en una canción se puede decir de todo, a condición de que se sea sincero, esté bien escrita y no sea vulgar”, decía al respecto.

Aun así, en varias ocasiones dijo lamentar que, si bien se había valorado su carrera como cantante, su faceta de compositor, como “escritor de la canción”, como decía, había quedado algo ensombrecida. “Tengo la impresión de que jamás se me ha leído. Se me escucha. Cuando un joven artista me trae un disco, siempre le digo: ‘Dame también las letras para que las lea’”, explicaba en una entrevista en 2007.

Con todo, como reconocía él mismo, no lo hizo nada mal “para un chaval que salió del colegio a los diez años y medio sin pena ni gloria”. Lo que sabía, como tampoco se cansaba de contar, lo aprendió en buena parte de su padre, Mischa Azna­vou­rian, un barítono que junto con su madre, Knar Bagh­das­sa­rian, actriz, huyó del genocidio armenio en 1915. La idea de la pareja era llegar hasta Estados Unidos, pero acabaron instalándose en París, donde su hijo Charles nacería el 22 de mayo de 1924. En el restaurante que regentaban, Charles Aznavour empezó a codearse desde muy pequeño con los múltiples artistas que visitaban el local y donde su padre, cuando se ponía a cantar en algunas ocasiones, “hacía llorar” a las mujeres que estaban en la sala. Hoy es Francia la que llora por la muerte del último gigante de la canción francesa.
Entre las reacciones, destaca la del presidente francés, Emmanuel Macron: “Era profundamente francés, aferrado visceralmente a sus raíces armenias, reconocido en el mundo entero, Charles Aznavour acompañó las alegrías y las penas de tres generaciones. Sus obras maestras, su voz, su influencia única le sobrevivirán largo tiempo”. Macron lo había invitado, hace solo dos semanas, a la recepción ofrecida en el Palacio de Versalles al príncipe heredero de Japón. La muerte del hombre que “calentó los corazones de cienos de millones de personas durante 80 años” constituye una “pérdida universal”, dijo por su parte el primer ministro armenio, Nikol Pachinian.

Los homenajes a un “cantante popular”, según el líder del Partido Comunista Francés, Pierre Laurent, e “inmenso” que deja a “todos los franceses en duelo por su talento”, como dijo la ultraderechista Marine Le Pen, se encadenaron, unánimes, desde toda la esfera política gala.

También el mundo de la cultura lloró la muerte de alguien que supo, como pocos, cantar “sobre el amor, el tiempo que pasa, las alegrías y decepciones de una vida, sus instantes felices, una dulce melancolía”, como recordó la ministra de Cultura, Françoise Nyssen. “Uno de los nombres más grandes de la canción francesa nos ha dejado, un artista conocido, admirado y amado en el mundo entero”, agregó. “Qué tristeza estar sin ti… Gracias por todo”, tuiteó el cantante Patrick Bruel. “Era nuestro as inmortal, nuestro as de los poetas”, escribió por su parte Brigitte Bardot en un comunicado remitido a la Agencia France Presse. “Aznavour era Francia”, sostuvo por su parte la cantante Mireille Mathieu, para quien el cantante se merece unos “funerales nacionales”. Algo que le habría hecho probablemente mucha gracia al propio Aznavour, poseedor de un gran humor. Preguntado hace solo unos meses, durante una entrevista televisada, qué le gustaría que figurara en su epitafio, no dudó un instante: “Encore des vers”, respondió con una sonrisa, contento del juego de palabras que significa tanto Más versos como Más gusanos.

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